2017-03-08

Embarazo adolescente en el Perú: ¿por qué es tan alto y qué podemos hacer?*

Embarazo adolescente en el Perú: ¿por qué es tan alto y qué podemos hacer?*

Por Alan Sánchez.

Según un informe del Banco Mundial 2012 sobre el embarazo adolescente, América Latina y el Caribe es la tercera región del mundo con mayor tasa de fertilidad y maternidad/paternidad adolescente. Perú no escapa a este fenómeno: entre las mujeres de 18 y 19 años en Perú, casi una de cada cinco ya ha tenido un hijo o hija.

Lo que ocurre en Perú con el embarazo adolescente es una gran preocupación de política pública. La mayor parte de la evidencia internacional sostiene que el embarazo adolescente trae impactos negativos tanto para los hijos como para los padres. En el caso de los padres, quien es más afectada es la madre, al perjudicarse su logro educativo, y su participación en el mercado laboral en el corto plazo. Si bien el impacto sobre participación en el mercado laboral tiende a atenuarse en el tiempo, la productividad laboral de la mujer en el largo plazo resulta comprometida. De ahí que las políticas públicas que buscan reducir el embarazo en la adolescencia estarían contribuyendo también al empoderamiento económico de la mujer.

En mi estudio con Marta Favara y Pablo Lavado, (Comprendiendo el embarazo, la convivencia y el matrimonio en la adolescencia: el caso del Perú), usamos los datos del estudio longitudinal Niños del Milenio/Young Lives para analizar la maternidad/paternidad adolescente, el matrimonio y la convivencia en el Perú. Usamos información de la cohorte mayor del estudio, nacida entre 1994 y 1995, a quienes hemos seguido desde que tienen 8 años de edad, y visitado sucesivamente a las edades de12, 15 y 19 años. Encontramos que una de cada cinco mujeres tiene un hijo/a cuando tenía la edad de 19 años, y similar porcentaje de convivencia o matrimonio. Comparativamente, solo uno de cada 20 hombres es padre a la misma edad. Para los adolescentes que tienen hijos, especialmente para las madres, criar a sus niños está asociado a menor probabilidad de estar estudiando de manera formal a los 19 años. A esa edad, cuando una parte importante de jóvenes mujeres peruanas están siguiendo estudios postsecundarios, las madres adolescentes generalmente se quedan en casa a cargo de las labores domésticas. Esa situación tiene efectos de largo plazo sobre su empleabilidad en el mercado laboral.

En nuestro estudio, identificamos un número de aspectos recogidos en la niñez y la adolescencia inicial que predicen el embarazo adolescente. Primero: la pobreza material y la ausencia prolongada de uno de los padres tienen un efecto sobre las jóvenes mujeres. Así, niñas que fueron criadas en hogares pobres —medido esto a través de un índice que abarca la calidad de la casa, acceso a servicios básicos y tenencia de bienes durables— tienen mayor probabilidad de ser madres adolescentes. Detrás de esa asociación puede haber múltiples razones, incluyendo restricciones económicas de la familia que reducen la inversión en educación formal e incrementan la posibilidad del trabajo infantil; además de diferencias en las preferencias de los hogares (valor que se le da a la educación) y en el acceso a información (por ejemplo, sobre los retornos a la educación). Asimismo, encontramos que la ausencia de uno de los padres cuando visitamos al hogar por primera vez —y la niña tenía 8 años—, está asociada con una alta prevalencia de embarazo adolescente. Enfatizamos que dicha relación solo es relevante cuando la ausencia de uno de los padres se prolonga durante muchos años.

El progreso escolar juega también un rol importante. Ir a la escuela a la edad de 15 años y tener una buena performance cognitiva a los 12 años está asociado con una reducción en la probabilidad de ser madre en la adolescencia. Esto implica que las niñas que tienen un buen desempeño en la escuela tienen más que perder si se convierten en madres adolescentes. También hallamos que las niñas cuyas aspiraciones educativas y percepción de poder influir en su propia vida —o auto-eficacia—empeoran durante la adolescencia —entre los 12 y los 15 años—, tienen un mayor riesgo de embarazarse. El posible que esta merma en las competencias psicosociales y en las aspiraciones esté relacionada a un bajo desempeño en la escuela.

¿Qué sugerencias se desprenden de nuestro análisis para que se reduzca el embarazo adolescente en el Perú? Primero tenemos que hacer que valga la pena para las niñas permanecer en la escuela y concluir su educación básica. Las políticas públicas que buscan mejorar el desempeño de las niñas, y que terminen la secundaria, son herramientas efectivas para reducir embarazos no deseados, al incrementar el costo de oportunidad de abandonar la escuela.

Tanto las políticas sociales como las educacionales son relevantes a este respecto. Los programas antipobreza, como Juntos cumplen el doble objetivo de reducir la pobreza, así como brindar incentivos para que las niñas acaben su educación escolar. El Ministerio de Educación, por su parte, está implementando actualmente la Jornada Escolar Completa, JEC, en las escuelas públicas. Ese programa extiende la duración del horario escolar diario y provee mejores servicios para los estudiantes de secundaria, en aéreas urbanas. A la vez que JEC ayudaría a fortalecer el aprendizaje y motivar las aspiraciones educativas, tiene el potencial de disminuir el embarazo adolescente. Ahora bien, JEC solo está disponible para las niñas urbanas, por lo que se requiere replicar este modelo o uno similar en zonas rurales.

Finalmente, nuestro estudio encontró que cuanto más joven una adolescente inicia su vida sexual, mayor es la posibilidad de que se convierta en madre adolescente. En tal sentido, las políticas públicas orientadas a ofrecer educación sexual son esenciales para reducir la probabilidad de un embarazo precoz. Así, hay espacio para que tanto los sectores educativos como de salud trabajen juntos en educación sexual, que debería iniciarse, al menos, en los primeros años de secundaria. Esto, además, necesita estar acompañado de un respeto al acceso de parte de los adolescentes a los servicios vinculados a sus derechos sexuales y reproductivos.

Promover estas políticas de forma simultánea es la estrategia más sensible, pues estas se complementan entre sí, y su aplicación conjunta podría ayudar a crear una “red de protección” para las adolescentes. Crear incentivos para que las niñas permanezcan en la escuela y aspiren a educación postsecundaria es una estrategia efectiva, no solo para reducir el embarazo adolescente, sino para empoderar económicamente la siguiente generación de mujeres.

Fotos: Mariluz Aparicio y Sebastián Castañeda

*Texto traducido del blog de Young Lives, acceda al texto original aquí.