2016-12-29

Las razones de la reducción de la desnutrición crónica en el Perú*

Las razones de la reducción de la desnutrición crónica en el Perú*

Alan Sánchez

En los últimos diez años, el Perú ha logrado grandes avances en su lucha contra la desnutrición crónica infantil, de modo que entre 2005 y 2015 esta se redujo a la mitad, de casi el 30% a menos del 15%.

Durante el mismo periodo, la desnutrición crónica severa de los niños y niñas de las áreas rurales se redujo de casi 16% a menos del 5%. Más saltante aún es que esta mejora se dio no solo en áreas rurales, sino también en áreas urbanas, en todas las regiones. Ante este panorama, es necesario preguntarse las causas de este significativo progreso en el estado nutricional de los niños.

Al respecto, se ha discutido el papel del programa JUNTOS en el descenso de la malnutrición en recientes artículos en el diario the Guardian  así como en una columna del Banco Mundial (Development Impact Blog). Sin embargo, en mi opinión, existen otros elementos a los cuales se les puede atribuir más el crédito de esta tendencia positiva.

Las altas tasas de crecimiento económico observadas en el Perú por más de una década han sido un aspecto clave para disminuir la pobreza monetaria y la extrema pobreza. Entre el 2002 y el 2013, la economía peruana se expandió a una tasa anual de 6%, mucho mayor que el promedio de la región de América Latina, mientras que la pobreza bajó de 59% a 24%. La evidencia demuestra que lo primero contribuyó a lo segundo, es decir el crecimiento económico fue pro-pobre (García y Cespedes, 2011).

A la par que el nivel de ingreso de los hogares aumentó, mejoró la ingesta de calorías (per cápita, en términos reales), y aumentaron los recursos disponibles para satisfacer los requerimientos de salud y nutrición de los miembros del hogar.

También hay evidencia de otras mejoras en el nivel de vida de los hogares. Por ejemplo, el acceso a estándares básicos sanitarios es mayor en comparación al de la década anterior (ver aquí). El acceso a saneamiento adecuado es importante para disminuir las enfermedades infecciosas, que son una causa común de la desnutrición crónica infantil.

Pero otra razón por la cual ha sido importante el crecimiento económico observado en los últimos años es que ello le dio al Gobierno los recursos fiscales necesarios para elevar el gasto social. Dos programas de gran escala relevantes para combatir la desnutrición crónica que empezaron a funcionar en la década pasada son JUNTOS, el programa de transferencias condicionadas de dinero del Gobierno, y el Seguro Integral de Salud (SIS), que cubre asistencia médica gratuita a los hogares de escasos recursos económicos. JUNTOS brinda 100 soles mensuales –en armadas bimestrales de 200 soles– condicionado a que las familias lleven a sus niños entre 0 y 5 años a sus chequeos de salud, incluyendo los de crecimiento; las embarazadas se hagan controles prenatales; y los niños, niñas y jóvenes entre 15 y 19 años acudan a sus centros educativos regularmente.

Esos dos programas, que se han estado expandiendo desde 2005 y 2003, respectivamente, a la fecha atienden a un gran porcentaje de la población rural. Se sabe que JUNTOS ha conseguido atenuar la pobreza y aumentar la tasa de los chequeos de salud de los niños y niñas menores de 5 años (Perova y Vakis, 2012; Escobal y Benites, 2012).  Es más, se ha encontrado que el programa JUNTOS ha reducido la desnutrición crónica severa entre  8 y 13 puntos porcentuales, y elevado la talla para la edad en 0.13 desviaciones estándar entre los niños menores de 5 años (Sánchez y Jaramillo, 2012; Sánchez et al., 2016).

Mientras que el dinamismo de la economía parece fundamental, es cierto también que estos resultados positivos no se hubieran alcanzado sino se hubiesen fortalecido las políticas sociales. En efecto, una virtud de JUNTOS es que tuvo una buena focalización, de modo que en una “primera ola” del programa (2005-2008) los beneficiarios fueron los hogares más pobres de los distritos rurales andinos más marginados.

Además, una estrategia nacional y multisectorial para enfrentar la malnutrición respaldada por el Gobierno central, los gobiernos regionales y locales, la sociedad civil, las ONG y la cooperación internacional- se estableció dos años después que JUNTOS se creó, lo que también habría ayudado a potenciar el impacto de dicho programa.

Efectivamente, en 2007 el Gobierno fijó la Estrategia Nacional para la Reducción de la Pobreza y Oportunidades Económicas para los Pobres (ftp://ftp2.minsa.gob.pe/normaslegales/2007/DS080-2007-PCM.pdf) (CRECER) con el objetivo de bajar la desnutrición crónica en 5 puntos porcentuales en cinco años.

Luego, el Ministerio de Economía y Finanzas, en el 2008, estableció la política del Presupuesto por Resultados (PpR), que permitió la implementación del Programa Articulado Nutricional (PAN). Este último posibilitó el aumento del presupuesto en salud, de modo que se incluyeron sesiones para las madres sobre buenas prácticas de nutrición e higiene en los controles de sus hijos, así como vacunas contra la diarrea y las enfermedades respiratorias (Cruzado, 2012).

En el año 2012, el Gobierno creó el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.  Así, el MIDIS reforzó las políticas mencionada arriba (CRECER  fue reemplazado por Incluir Para Crecer, una estrategia por ciclo de vida para combatir la pobreza), además de extender la cobertura de las políticas sociales a las comunidades pobres de la Amazonía. Más investigación en esos factores puede hallarse en un estudio reciente de la revista Lancet aquí así como un capítulo (aquí) de un libro editado por IFPRI.

A manera de resumen, la reducción substancial de la malnutrición crónica registrada en los últimos diez años ha sido resultado de múltiples causas. Ciertamente que el crecimiento económico ha jugado un rol directo, y prueba de ello es que la desnutrición se ha reducido también significativamente en las áreas urbanas (de 20% a 15%), zonas no priorizadas por las políticas de lucha contra la pobreza. La prosperidad económica también ha provocado un efecto indirecto generando los recursos fiscales requeridos para la implementación de mejores políticas sociales. De esta forma, JUNTOS y SIS fueron los instrumentos a través de los cuales se llegó a las poblaciones más vulnerables de las zonas rurales, mientras que la intervención de las diversas estrategias nacionales y multisectoriales (CRECER, PAN, Incluir para Crecer) hicieron posible la provisión de servicios de salud específicamente designados para fortalecer la nutrición de niños y niñas menores de cinco años, así como las embarazadas.

Adicionalmente, hay que considerar que para que se aplicaran las condicionalidades de  JUNTOS, se requerían de controles gratuitos de salud (SIS), y para que JUNTOS y SIS contribuyera al descenso de la desnutrición crónica infantil, fue necesario que aumentase la calidad de los servicios de salud y orientación de la nutrición para niños y niñas.

Entonces, ¿JUNTOS redujo la desnutrición a la mitad en el Perú?  JUNTOS no hubiera podido hacerlo, de la misma manera que un resultado similar no se hubiera logrado solamente con una mejora en los servicios de salud, ni solamente con una mejora en los ingresos de la población. Fue la combinación de varios factores (crecimiento económico, una política pro-pobre, y una estrategia nacional y multisectorial) los que ayudaron a semejante éxito.

*Texto traducido del blog de Young Lives, acceda al texto original aquí.