Fabricio

Foto: Giancarlo Shibayama / Niños del Milenio. La foto no corresponde al niño entrevistado.
Foto: Giancarlo Shibayama / Niños del Milenio. La foto no corresponde al niño entrevistado.

Fabricio tiene ahora 9 años de edad y ha crecido bastante. Él aún vive en la chacra de la familia y fue entrevistado dos veces; una mientras pastoreaba a las dos vacas de la familia, y una en casa. Él todavía disfruta de la escuela y jugar con sus perros, pero se preocupa por la salud de sus padres y el cambio climático.

Fabricio es el menor de 6 hijos. Su hermano mayor tiene 24 años de edad y, a veces, envía dinero a casa. Su hermana mayor tiene 22 años de edad, está casada, vive y trabaja en Lima. Sus otras hermanas están fuera estudiando en la escuela secundaria. Es así que él vive solo con sus padres, pero no le importa pues sus hermanos vienen a casa los fines de semana y traen dulces para él.

Fabricio es un chico cariñoso. Estaba contento de hacer la entrevista, aunque se ponía triste cuando hablaba sobre la salud de su padre y acerca de los efectos del cambio climático en la gente de su pueblo.

Desde la última vez que lo visitamos, Fabricio dice que su mejor momento ha sido con su hermana y sus padres, de quiénes ha aprendido tareas domésticas y a cultivar. Él ayuda a ordeñar a las vacas, recolecta comida para los chanchos y da una mano en la cocina. Con respecto a esto último, está orgulloso de haber aprendido a cocinar y a lavar su propia ropa. A veces, gana un poco de dinero cosechando papas para su tío. Fabricio le da el dinero a su madre. Los domingos, él va a comprar con ella a la ciudad.

 

“¿Qué hace tu mamá en la ciudad?
Ella compra vegetales y fruta. Ella compra de todo.

¿Te gusta ir a la ciudad?
Si.

¿Te gustaría quedarte allá?
No.”

 

Él comenta que prefiere estudiar y hace una lista de lo que ha aprendido en la escuela  -matemáticas, leer y escribir. A él le gusta mucho la escuela, especialmente aprender cómo multiplicar y dividir. Él dice que si no termina su trabajo, es castigado por el profesor.

Fabricio piensa que si estudia duro podrá ir a la universidad; de lo contrario, tendrá que quedarse en el pueblo y trabajar en la chacra. Su madre comenta que quiere que sus hijos sean profesionales y que la educación, es el mejor camino para lograrlo. Su hermano mayor está estudiando administración de negocios.

Fabricio ama los animales. La última vez que el equipo de Niños del Milenio lo visitó, él estaba muy orgulloso de su vaca, Francisca. Él está triste porque ella se enfermó.

 

“¿Qué le pasó a tu vaca?
Su barriguita se hinchó.

¿Y luego qué pasó?
Ella tuvo un dolor de barriguita y después se la vendimos a mi tío.

¿Te preocupas mucho por ella?
Si. “

Pero ahora, dice él, tiene dos perros en su lugar. Él juega mucho con ellos, más que con otros niños.

“Yo juego pelota con mis perros. A ellos les gusta jugar con la pelota.

¿Cómo se llaman?
Sharu y Chens.”

 

Fabricio nos cuenta que no le gusta la lluvia ni el clima frío. Este impide que los niños vayan de a la escuela y malogra los cultivos. Esto último lo pone triste, pues hace que la gente sufra y pase hambre. Mucha gente termina teniendo enfermedades respiratorias.

 

“¿Qué hace la gente cuando graniza?
Ellos están tristes.

¿Y qué haces tú cuando hay granizada?
Cuando graniza, yo me asusto. Duele. Arruina los cultivos y estropea la producción.

¿Y qué pasa después?
Cuando es tiempo de cosecha, no hay ninguna.”

 

Fabricio también se preocupa por la salud de su padre. Él cuenta de una ocasión en la que la lluvia impidió a su padre llegar a casa a tiempo y él pensó que había tenido un accidente. Él dice que su padre volvió adolorido de la espalda porque trabajaba duro. Él recuerda cuando su hermano mayor llevó a su padre al pueblo más cercano para ser tratado.

 

“¿Estabas preocupado cuando tu papá estaba enfermo? ¿Qué pensaste?
Que él iba a morir.

¿Y qué hizo tu mamá cuando tu papá enfermó?
Ella lloró y compró remedios, ella compró pastillas de la clínica.

¿Pero el se puso mejor?
Si.”

 

En realidad, ninguno de sus padres está bien de salud. Su padre estuvo enfermo tres veces con neumonía bronquial y su madre sufre de la vesícula. Esto también ha tenido un efecto en los ingresos de la familia. Su madre comenta que una de sus hermanas tiene problemas de salud mental, por lo que ha acudido al doctor y al curandero.

De un lado más positivo, Fabricio cuenta que desde la última vez que lo visitamos, han habido cambios buenos en su casa porque su familia se afilió al programa nacional JUNTOS, el cual ayuda a familias pobres proveyendo educación y cuidados básicos para sus niños. El cambio más importante que él ha notado es el que su casa esté mucho más limpia – lo cual era uno de los requerimientos del programa (Tener la casa limpia no es uno de los requerimientos, pero a veces los supervisores de JUNTOS agregan exigencias adicionales). La familia también compró mesas para la casa, las cuales, dice él, le dan más espacio para hacer sus tareas escolares.

Él dice que le gustaría estudiar en la ciudad cuando sea mayor, pero tiene temor de los carros.

 

“¿Por qué quieres ir a la ciudad?
Es buena para estudiar, pero me asusta el tráfico. Hay muchos carros en la ciudad, pero aquí solo hay unos cuantos.”

 

No es hasta después que la madre de Fabricio nos cuenta que su hijo mayor murió en un accidente de carro en Lima.