Lupe

Foto: Raúl Egúsquiza / Niños del Milenio. La foto no corresponde a la niña entrevistada.
Foto: Raúl Egúsquiza / Niños del Milenio. La foto no corresponde a la niña entrevistada.

Lupe, recientemente, ha cumplido 10 años. El principal cambio en su vida, desde la última vez que la visitamos, ha sido que su madre se mudó de casa por peleas con su padre. A pesar que Lupe comenta que ahora es mejor porque la violencia ha parado, ella extraña a su madre, quien sólo la visita los fines de semana.

Lupe vive en Lima con su padre, su hermana mayor, de 15 años de edad, y sus abuelos maternos. Su tía, quien solía vivir con ellos, se casó y se mudó a una nueva habitación que construyeron en el patio con su esposo y su bebé de 2 años de edad. La abuela de Lupe cuenta que al principio, no fue fácil para Lupe acostumbrarse al esposo de su tía.

Lupe comparte la habitación con su hermana mayor. Cada una tiene su propia cama, aunque durante el invierno duermen juntas porque sienten frío. Lupe tiene un pequeño cachorro al que quiere mucho.

Su padre y su abuela cuidan de ella, dice, pero su padre está fuera de casa la mayor parte del tiempo. Él reparte tanques de gas propano y gana S/.700 mensuales. Su abuela, quien tiene 58 años de edad, solía cuidar de ellos pero se rompió el labio. Este último está tomando bastante tiempo en cicatrizar. Su abuelo también está enfermo. Él tiene cáncer de páncreas y está recibiendo tratamientos de quimioterapia. Es así que Lupe y su hermana ahora cuidan de sus abuelos y realizan varias de las tareas domésticas.

Lupe piensa que ha cambiado mucho en los últimos cuatro años. Ella comenta que tuvo que crecer cuando su madre dejó la casa.

 

“Yo no era tan – cómo puedo decirlo- yo no era tan obediente. Pero cuando mi mamá nos dejó, yo empecé a sentir que debía serlo… que tenía que continuar… como había habido mucha violencia […]. Con el trauma de todo esto, yo empecé a educarme a mí misma, a escuchar, a tener un poco más de respeto.”

 

La abuela de Lupe, entrevistada sin Lupe presente, cuenta una historia diferente. Ella dice que desde que su madre se fue, Lupe se ha vuelto irritable y amargada. En susurro, ella comenta que le gustaría que Lupe fuera una niña feliz, pero siente que la separación de sus padres la ha afectado mucho. Lupe es muy callada, y su abuela desearía que ella hablara un poco más, como lo hacen las otras niñas. Sin embargo, Lupe aparenta ser bastante habladora con los entrevistadores del equipo de Niños del Milenio.

 

“¿Qué más has cambiado?
Yo ya no soy tímida.

¿Antes, eras tímida?
Yo no tenía muchos amigos.

¿Y ahora, cuántos amigos tienes?
¡Casi toda la clase!”

 

Lupe nos cuenta que ella disfruta la escuela y tiene amigos de ambos géneros. Pero ella siente una distancia con ellos porque “la mayoría de sus padres no se han separado, ellos no entienden. En mi clase sólo hay tres niños cuyos padres se han separado”.

Ella dice que los otros niños la ven como líder y ella se ha hecho la “brigadier” de su clase. El profesor está pensando en ponerla, más adelante, como brigadier de toda la escuela primaria. Ella comenta que se divierte siendo la brigadier, “a pesar de que a veces es bastante agotador, muy demandante. Hay varios problemas.”

 

“¿Cuál es el curso que más te gusta?
Ciencias.

¿Y cuál es el que menos te gusta?
Matemáticas. Yo odio los números. Me hacen doler la cabeza.

¿Y quién te ayuda cuando no entiendes?
Mi tío me solía ayudar pero ya no. Si hago algo mal, él suele pegarme. Mi abuela también me pega, así que digo… “Mejor si yo no pregunto”. Ahora, la hago sola pero a veces le pregunto a mi hermana.

 

Debido a que su abuela ha estado recuperándose de su labio roto, Lupe dice que ella y su hermana hacen bastantes cosas de la casa.

 

“¿Qué cosas haces tú? Tú dijiste que lavabas tu ropa.
Si. Desde que mi mamá se fue, me enseñaron a hacer mis cosas por mi propia cuenta.

¿Qué otras cosas haces aquí en casa?
Antes, con mi abuela, yo solía barrer las escaleras. Ahora yo tengo que trapear y lavar.

¿Con qué frecuencia limpias la casa?
No lo sé. Antes, cuando mi abuela estaba sana, nosotras limpiábamos todas las semanas, pero ahora le duele. Y nosotras tenemos escuela y muchas tareas para la casa.

 

Lupe cuenta que las tareas de la casa le dejan poco tiempo libre. Hay tantas tareas domésticas durante el fin de semana que a veces, ella encuentra difícil levantarse para ir a la escuela el lunes en la mañana. Los domingos, dice ella, “hermanos de los testigos de Jehová vienen a la casa”. Su familia no es testigo de Jehová, pero ella está interesada porque: “Ellos me enseñan sobre la religión que ellos conocen, en la que ellos creen”. Lupe comenta que también disfruta jugar con su perro. Y cuando su padre puede darle dinero para ir a una cabina de Internet, va con su hermana para revisar su página de Facebook.

 

“¿Qué haces en Internet?
Yo juego o chateo con mis amigos de la escuela. Ellos también tienen Facebook.

 

Lupe dice que ella continuará yendo a la escuela en el futuro, aunque aún no ha decidido el colegio secundario donde irá. Ella ha escuchado que hay un colegio con muchos miembros de pandillas, por lo que a ese no desea ir:

 

“La amiga de mi hermana vive cerca de ahí pero ella no le gusta ir porque hay muchos miembros de pandillas. Ellos dicen que hay graffiti por todos lados; todo es feo.”

¿Qué pasaría si dejaras de ir a la escuela?
Yo no aprendería cosas y en la secundaria, sería un cero.

¿Y cómo sería tu vida si nunca fueras a la secundaria?
Sería muy difícil porque cuando tú no estudias, es muy difícil encontrar un trabajo.”

 

Su abuela concuerda que es importante para Lupe continuar con la escuela porque es el inicio del camino que la guiará hacia estudios mayores. Ella también señala que la educación en escuelas privadas es mejor que en las públicas, como a la que Lupe y su hermana asisten. Ella cree: “una buena niña debe ser estudiosa, amable, dispuesta a escuchar el consejo de los padres y ser respetuosa”.